Como la vida adulta trae responsabilidades, se nos ha hecho creer que, con ello, dejamos atrás la capacidad de asombro, la alegría y la creatividad de la infancia. ¡Nada más lejos de la realidad!
A las personas "mayores de edad" también nos gusta jugar y aprender de forma lúdica. No se trata solo de enseñar por medio del movimiento y reforzar lo que técnicamente se conoce como el estilo kinestésico, sino de ser libres por un rato.
Llevo tiempo incorporando algún juego en los talleres y debo decir que, sin importar el puesto en la jerarquía o el grado académico, las personas "se apuntan" a aprender por medio del juego.
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Las dramatizaciones son útiles para practicar nuevas reacciones y actitudes; también sirven para generar conversaciones productivas o reflexiones en un ambiente de más confianza.
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| El baile y otros movimientos, acompañadas de palabras, facilitan el registro de datos o secuencias. |
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| Un laberinto no solo sirvió para enseñar conceptos sobre la Ley de Discapacidades, también el joven con ojos vendados aprendió cómo perciben las personas no videntes. |
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| Los tableros (ya sea en una mesa o el piso) son excelentes para comprender procesos. De hecho, son otra forma de hacer "estudio de casos". |
Algunas precauciones al utilizar juegos:
- Los objetivos del juego deben estar muy claros para que no se convierta en un "jugar por jugar".
- Hay que considerar el alcance: un juego es un estímulo, puede ser una forma de introducir o reforzar un contenido, pero requiere un trabajo posterior con el grupo para que cumplan su cometido.
- Tenga cuidado con crear situaciones en que alguna persona quede en ridículo. Recuerde que a nadie, especialmente a una persona adulta, le gusta ser objeto de burla.
¿Cómo puede adaptar sus juegos de la infancia favoritos a una situación de aprendizaje?
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