¿Qué motiva a una persona adulta a aprender algo nuevo? ¿Por qué querría cambiar sus estructuras?
Pero eso cambia en la adultez: Con los años vienen muchas responsabilidades que dejan la auto-formación en un segundo plano: la jornada laboral, las tareas domésticas, la familia, las amistades, los deberes ciudadanos, etc. ¡Hay mucha competencia!
Por otro lado, nos gusta sentir que "ya sabemos" y no vemos la necesidad de cambiar nuestras ideas, prácticas, hábitos o funciones... Hasta que algo pasa en la vida que nos desacomoda.
Ante un evento que nos altera, nos vemos en la urgencia de cambiar y eso motiva el interés de aprender. Por ejemplo:
- No nos interesa gran cosa la comida saludable ... hasta que nos detectan una enfermedad relacionada con la dieta.
- Tratar de comprender y generar empatía con personas del mismo sexo que reclaman sus derechos puede no importarnos... hasta que un hijo(a) u otro ser querido "se sale del closet".
- Actualizarse en tecnología u otros conocimientos propios del trabajo tal vez no es una prioridad... hasta que nos amenazan con perder el empleo.
- Nos sensibilizamos con el ahorro del agua, el reciclaje, la conservación de los árboles y otras conductas sustentables cuando empezamos a sufrir la sequía y los calores del cambio climático, ¿no es cierto?
Las personas adultas nos abrimos al aprendizaje cuando se nos evidencia que las ideas, hábitos o prácticas perdieron vigencia y tenemos que sustituirlas.
Por eso, a la hora de planear una capacitación o un curso, es preferible sondear antes al público meta para identificar su punto de vista, sus ideas erróneas o resistencias para utilizarlas en ejercicios que contrasten con los contenidos que queremos compartir y darles tiempo a las personas para procesarlas.
Eso sí, con empatía y respeto, porque recordemos que en la adultez somos particularmente sensibles a la crítica y que los datos fríos rara vez han hecho cambiar a alguien. ¿Cómo hacemos, entonces? Con preguntas generadoras, evidenciando las pérdidas concretas que sufren, mostrando a personas similares que han cambiado sus puntos de vista o prácticas, generando una conexión afectiva con la nueva propuesta.
Eso sí, con empatía y respeto, porque recordemos que en la adultez somos particularmente sensibles a la crítica y que los datos fríos rara vez han hecho cambiar a alguien. ¿Cómo hacemos, entonces? Con preguntas generadoras, evidenciando las pérdidas concretas que sufren, mostrando a personas similares que han cambiado sus puntos de vista o prácticas, generando una conexión afectiva con la nueva propuesta.
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