Vivo en un cantón en el que abundan los talleres mecánicos y viven muchos jóvenes con autos modificados. En las noches se puede escuchar cómo compiten entre sí y en cualquier momento se convive con individuos que, al volante, solo piensan en mostrar su supremacia al avanzar a cualquier precio.
¿De donde salieron tantos? Mi hipótesis es que pertenecen a la generación formada por la saga "Rápidos y furiosos". Sí, formada, porque nadie dijo que la educación solo se recibe en el colegio o en el hogar, ni que es siempre positiva. Tristemente, estas películas refuerzan la idea de que un hombre vale por el carro que tiene y por buscar emociones fuertes, con choques de adrenalina. También enseñan que la burla a las leyes y a la autoridad son una forma de audacia.
El resultado es una generación de muchachos que consideran una falta de carácter y una débil masculinidad el respetar las normas viales. A ello se le suman las familias permisivas que regalan un auto a sus adolescentes, pese a que la neurociencia nos dice que el cerebro termina de formarse alrededor de los 25 años, en especial la parte relacionada con la medición de riesgos.
Del lado de las instituciones encargadas de las campañas educativas, pocas han sabido recurrir a las emociones, que tienen más impacto que la racionalidad. El siguiente video de educación vial para explicar cómo circular en una rotonda sería la respuesta ante una saga como "Rápidos y furiosos". Honestamente, ¿usted qué preferiría?
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