domingo, 12 de junio de 2016

EL TRABAJO INFANTIL ES MÁS QUE TRABAJO, ES VIDA

Tomado de http://imagenesdereflexion.info 
Hace años tuve de compañero de trabajo a un muchacho muy inteligente, servicial, responsable y con deseos de superación. Era chofer y a sus veintipico de años estaba todavía luchando, sin ninguna ayuda, para hacer los exámenes de bachillerato.

Un día me contó que, al ser un niño grandote, el papá lo llevaba a trabajar de peón en las fincas. Como era fuerte y “aguantaba”, le tocaba cargar cajas y sacos de frutas.  El resultado: un joven estancado en un puesto básico -desperdiciándose- con una lesión crónica en la espalda, que exigía tratamientos severos constantes.

Cuando terminó su relato le dije: “Qué difícil tiene que haber sido, si fuiste víctima del trabajo infantil”. Su amplia sonrisa le cambió la cara por una expresión de sorpresa y me dijo: “Nunca lo había pensado así”.  

¡Ni les digo el dolor que sentí yo cuando lo escuché! Ni la sorpresa al darme cuenta de qué el no era consciente de su situación. Todas esas campañas contra el trabajo infantil y él - público meta indirecto- no se había dado cuenta de que tenían relación con él, con su infancia y adolescencia. ¡Qué fracaso!

Ese muchacho, como tantas otras personas que trabajaron en su infancia y adolescencia, tienen algunos “aprendizajes” en común. Y pongo la palabra entre comillas, porque no se trata de algo positivo, pero sí de cambios adquiridos.

Según sea el ambiente laboral y dado que son una minoría inserta en un mundo de adultos, muchos “aprenden” conductas inapropiadas como:
  • Fumar o tomar alcohol, ya que es la costumbre adulta a la salida del trabajo. Además, como tienen sus propios ingresos, la gente cree que “ya son grandes” y no requieren supervisión ni control.
  • Utilizar más un vocabulario soez y hasta de doble sentido, involucrándose o siendo testigos de conversaciones inadecuadas para quienes han tenido menos experiencias vitales.
  • En el caso de los varones, ignoran cualquier consejo de salud ocupacional y, más bien, fuerzan el cuerpo para demostrar su masculinidad.
  • En el caso de las mujeres, aceptan como natural que su valor está en servir a los demás, sin crear un proyecto de vida propio.
  • Copiar los patrones de uso del dinero de quienes les rodean –gastar hoy sin pensar ni planear el futuro- reproduciendo así el ciclo de la pobreza.
  • Involucrarse en relaciones más formales de lo que corresponde a su edad, por lo que terminan con hijos e hijas de diferentes parejas antes de los 30 años.

¿No son muchas las pérdidas, para las víctimas y la sociedad? ¿Cómo se recuperan las personas con un inicio en la vida tan doloroso y limitante? 

¿Cómo se sale de esa forma de prisión, cuando los "carceleros" están en la misma familia donde se mezcla el afecto con el dinero y el poder?

¿Qué estamos haciendo para evitar que más vidas sean truncadas por el trabajo, que es responsabilidad adulta y no infantil ni juvenil?


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