lunes, 27 de junio de 2016

APRENDER A EMPRENDER

Una pyme requiere unir muchas piezas, algo como un rompecabezas.
Ante la tendencia a promover las pymes, a diestra y siniestra, ¡cuidado! No todas las personas nacieron para ser emprendedoras, pero se nos hace creer que sí, sin un examen previo del individuo y su entorno.

La persona: Una forma de evaluar si se tiene la personalidad para emprender es realizar el siguiente test, publicado por la Cámara de Zaragoza, España.



 "El test del emprendedor", al cual se puede acceder aquí:
http://www.camarazaragoza.com/emprendedores/analisis/test-emprendedor.asp

El entorno: Otro aspecto a valorar es la comprensión del funcionamiento del mercado para sobrevivir en él, que se le conoce como es el "know why", un término utilizado por Madhu Viswanathan en su curso sobre economías de subsistencia.

Se trata de un concepto que va más allá del "know how", que implica las habilidades y conocimiento necesarios para vender un producto o servicio. Es el entendimiento del mercado, sus reglas y exigencias, que por lo general lo brinda las oportunidades que se han tenido en la vida.

Como bien explica Viswanathan, una mujer que sabe cocinar puede creer que eso es suficiente para vender comida, pero no entiende a la clientela ni sus necesidades para sobrevivir en el mercado.

Además, quien emprende debe tener muy afinadas sus habilidades de empleabilidad, ya que no habrá jefe para obligar a la  puntualidad, cumplimiento de horario, estandarización de tareas, calidad en el trabajo, etc.

Por último, es importante tener elementos básicos de comunicación: uso del teléfono, e-mails y redes para promover el producto o servicio, así como una excelente atención a la clientela.

Lamentablemente en Costa Rica no se está enseñando el emprendedurismo a través de un acompañamiento integral, lo que refuerza la conocida estadística de la quiebra de un 20% de las empresas en los primeros cinco años de existencia.

¿Estaremos empujando a las poblaciones más vulnerables, que menos "know how" tienen, a un emprendedurismo destinado al fracaso?  

¿Cómo se podría formar a estos adultos y jóvenes para que sobrevivan al mercado?

lunes, 20 de junio de 2016

CAMPAÑAS EDUCATIVAS, SÍ PERO, ¿CÓMO?

Veo la campaña de La Nación #NoSeaCochino y pienso: ¿No es que la publicidad busca ser aspiracional? 

Pero por muy periódico reconocido costarricense que sea, parece que su equipo olvidó ese principio y más bien hace énfasis en lo que NO QUEREMOS, al mostrar imágenes del basurero que nos rodea.

Y es que hacer campañas educativas no es asunto fácil y requiere, además de estrategias de publicidad, un equipo interdisciplinario y un diagnóstico de las causas que provocan el problema de salud (como en este caso), de conducta (pensemos en el matonismo o el consumo nocivo de alcohol) o social (problemas de convivencia o la mal llamada tolerancia) que queremos trabajar. Algo que en comunicación educativa se llama: "Pre-alimentación".

Por eso me encanta este vídeo de TedX CSU en el que la socióloga Jenni Cross que brinda algunas luces sobre cómo promover cambio social a través de los medios. De paso, menciona algunas estrategias que ha empleado en el tema de la basura:




domingo, 12 de junio de 2016

EL TRABAJO INFANTIL ES MÁS QUE TRABAJO, ES VIDA

Tomado de http://imagenesdereflexion.info 
Hace años tuve de compañero de trabajo a un muchacho muy inteligente, servicial, responsable y con deseos de superación. Era chofer y a sus veintipico de años estaba todavía luchando, sin ninguna ayuda, para hacer los exámenes de bachillerato.

Un día me contó que, al ser un niño grandote, el papá lo llevaba a trabajar de peón en las fincas. Como era fuerte y “aguantaba”, le tocaba cargar cajas y sacos de frutas.  El resultado: un joven estancado en un puesto básico -desperdiciándose- con una lesión crónica en la espalda, que exigía tratamientos severos constantes.

Cuando terminó su relato le dije: “Qué difícil tiene que haber sido, si fuiste víctima del trabajo infantil”. Su amplia sonrisa le cambió la cara por una expresión de sorpresa y me dijo: “Nunca lo había pensado así”.  

¡Ni les digo el dolor que sentí yo cuando lo escuché! Ni la sorpresa al darme cuenta de qué el no era consciente de su situación. Todas esas campañas contra el trabajo infantil y él - público meta indirecto- no se había dado cuenta de que tenían relación con él, con su infancia y adolescencia. ¡Qué fracaso!

Ese muchacho, como tantas otras personas que trabajaron en su infancia y adolescencia, tienen algunos “aprendizajes” en común. Y pongo la palabra entre comillas, porque no se trata de algo positivo, pero sí de cambios adquiridos.

Según sea el ambiente laboral y dado que son una minoría inserta en un mundo de adultos, muchos “aprenden” conductas inapropiadas como:
  • Fumar o tomar alcohol, ya que es la costumbre adulta a la salida del trabajo. Además, como tienen sus propios ingresos, la gente cree que “ya son grandes” y no requieren supervisión ni control.
  • Utilizar más un vocabulario soez y hasta de doble sentido, involucrándose o siendo testigos de conversaciones inadecuadas para quienes han tenido menos experiencias vitales.
  • En el caso de los varones, ignoran cualquier consejo de salud ocupacional y, más bien, fuerzan el cuerpo para demostrar su masculinidad.
  • En el caso de las mujeres, aceptan como natural que su valor está en servir a los demás, sin crear un proyecto de vida propio.
  • Copiar los patrones de uso del dinero de quienes les rodean –gastar hoy sin pensar ni planear el futuro- reproduciendo así el ciclo de la pobreza.
  • Involucrarse en relaciones más formales de lo que corresponde a su edad, por lo que terminan con hijos e hijas de diferentes parejas antes de los 30 años.

¿No son muchas las pérdidas, para las víctimas y la sociedad? ¿Cómo se recuperan las personas con un inicio en la vida tan doloroso y limitante? 

¿Cómo se sale de esa forma de prisión, cuando los "carceleros" están en la misma familia donde se mezcla el afecto con el dinero y el poder?

¿Qué estamos haciendo para evitar que más vidas sean truncadas por el trabajo, que es responsabilidad adulta y no infantil ni juvenil?


domingo, 5 de junio de 2016

LOS PAPELITOS NO HABLAN... A ANALFABETAS

"Usted nos abandonó", suele ser el comentario de alguna organización productiva o comunal cuando se les considera graduados y termina el acompañamiento.

Es como un balde de agua fría para quien facilita. Un agrónomo me contaba cómo volvió unos años después a un proyecto de mujeres rurales que hasta exportaba sus productos y todo el sitio estaba en abandono. Lo mismo un biólogo con una asociación de pescadores: cuando volvió, ya la junta directiva había dejado de hacer actas, no había contabilidad formal ni archivo de documentos, a pesar de que el profesional les había "enseñado" y acompañado durante un año a hacerlo.

¿Qué pasó? Un comentario desde el enfoque de género me dio una respuesta, pues una funcionaria del Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU) comentaba muy molesta que, cuando llega el asesor técnico de un proyecto, las mujeres lo atienden "como si llegara el Mesías", el que tiene los recursos y las respuestas. Para ella, se trata de una manifestación más del patriarcado y la dependencia de las mujeres a que un hombre les resuelva la vida. Otras personas lo explican desde el paternalismo que provoca que las comunidades con escasos recursos dependan eternamente de los políticos que "les consiguen" lo que necesitan.

Para mí el origen no está en el género ni en el paternalismo político, si no más bien en la educación incompleta. He visto esa misma reacción en hombres y mujeres, rurales y urbanos. Son personas inteligentes, esforzadas, con gran potencial y muchas ganas de salir adelante. Pero, por más que quieran, no pueden borrar la huella de su baja escolaridad.

Generalmente, las personas que no terminaron la educación secundaria, conforme pasan los años, se van convirtiendo en analfabetas por desuso, de manera que lo poco aprendido en el período académico se les olvida y lo que se impone es la práctica cotidiana. De ahí que entra en contradicción con la formalidad del sistema, basado en documentos escritos. Veamos:

  • ¿Por qué querría llevar una contabilidad un(a) pescador(a) que, cuando necesita pagar un recibo de luz, sale a pescar, vende su producto y paga la cuenta? 
  • ¿Qué uso tiene un acta para una persona rural que rara vez lee y su vida se resuelve con su palabra, que no es la escrita si no la dicha? 
  • ¿Cuántas cartas o formularios escriben en sus vidas? 
  • Además, en una maraña institucional en que los procedimientos no están claros y se tiñen de politiquería, ¿cómo podrían los grupos aprender a gestionar por su cuenta, si es la educación universitaria la que nos lleva a entender su sentido?

Entonces, no es de extrañar que, para complacer a quien les da acompañamiento técnico, llenen los papeles... bajo su supervisión. Pero no se puede esperar que estas pocas horas, durante unos meses, se convierta en una práctica incorporada en una vida cotidiana completamente aislada de formalidades y procedimientos.

Recordemos que un taller, una capacitación un seguimiento es un proceso de unas cuantas horas, no puede llenar vacíos de formación y deformación. El punto de partida para esta población es demasiado bajo y se requiere un proceso formal de años para elevarlo.

Tal vez sería más realista que quienes asesoramos grupos y proyectos aceptemos que, mientras haya tantas personas fuera del sistema educativo, tendremos que darles seguimiento "de por vida" para que lo avanzado no caiga en olvido y la inexistencia.