lunes, 18 de abril de 2016

Participar no es consultar, es construir y eso se aprende

Una breve crónica sobre un proceso de participación ciudadana mal llevado… ¡y de la vida real!


Hacía mucho calor y el salón comunal estaba lleno. Las personas habían terminado su jornada –la mayoría trabajan al sol o en una planta procesadora-  y estaban ansiosas de escuchar lo que les dirían sobre su proyecto de vivienda.
El equipo de ingenieros y arquitectos instaló una pantalla, probó el video beam, empezó a hablar en un lenguaje técnico y remató al mostrar un plano de cómo quedaría el barrio y cada casa a un grupo que jamás había visto un plano en su vida.
Luego el ingeniero les pide: “Levanten la mano quienes avalan estos diseños”. Una mano tímida se levanta y después las demás. Los profesionales muy satisfechos cierran la reunión y yo oigo a dos señores que estaban sentados a la par mía:
-¿Vos entendiste qué dijeron?
-Ni papa. ¡Diay, al final no enseñaron cómo van a ser las casas!


Pese a que la nueva generación de derechos impulsa el ejercicio activo de la ciudadanía y la sociedad civil está cada vez más organizada para ello, todavía son escasos los equipos profesionales que aceptan su papel  de facilitar y ejecutar las necesidades de las comunidades. 

La mayoría cree que “participación” es que la gente escuche, diga “sí” y firme un documento que respalde su propuesta, cualquiera que sea. No se busca que las personas tomen una decisión informada.

Como sociedad nos falta mucho para trabajar de una forma verdadera democrática y, aunque no lo crean, se trata de un proceso de educación de adultos, tanto para profesionales como para las comunidades.

 

Aprender a facilitar

Imagine que vendrán de visita unos parientes que viven en un pueblito rural y nunca han visitado la ciudad. Usted no puede esperar que en la parada final tomen un taxi o varios buses hasta su casa. Tiene que ir por ellos y enseñarles cómo llegar: mostrarles las calles, las paradas, los puntos de referencia, qué hacer si se pierden, etc. Lo mismo sucede con grupos comunales, usted debe ir por ellos y llevarlos hasta donde está usted. 

Aquí algunas consideraciones:
  • Transparencia: Hay un temor generalizado a “lo que pueden hacer con la información”. Para avanzar hay que empezar por la transparencia, de lo contrario hay un margen para la manipulación de todo tipo de intereses.

  •  Oralidad más que documentos: Es altamente probable que entre la concurrencia haya personas con analfabetismo por desuso. Eso implica que entregar documentos impresos no sirve de mucho si no están adaptados a este tipo de población.


  •  Resistencia a la tecnología: a no ser que se trate de una reunión de profesionales,  el video beam, la computadora, peor aún los CD y llaves mayas, crean distancia con públicos que no tienen acceso a la tecnología. Las fotos, los mapas de papel, las maquetas y otros objetos concretos son ideales. ¡Imagine qué diferente hubiera sido para la comunidad del proyecto de vivienda ver una maqueta de una casa desarmable para que pudieran manipularla y hacerle observaciones!


  •  Lenguaje común: Otro tipo de analfabetismo a tomar en cuenta es el técnico. ¿Cuánto tiempo le llevó a usted aprender los términos propios de su profesión? ¡Años! Por eso, las comunidades no tienen por qué entender su lenguaje y su lógica. A usted le toca traducir todo esa información a una forma accesible, con recursos concretos como ilustraciones, fotos, glosarios amigables, etc.



 Aprender a participar

Por otro lado, una ciudadanía que participe eficazmente y tome decisiones informadas no es la que asiste a una reunión, es la que aporta. Por eso es necesario aprender a usar los espacios de participación:



  •       Hay que preguntar: Aunque a las personas adultas no horrorice el ridículo, debemos superarlo para hacer las preguntas que sean necesarias. El pecado más grande es guardar silencio y aceptar una propuesta sin entenderla realmente.
  •        Un frente común: Todavía es muy común que quienes son líderes o representantes retengan información o hagan feudos para fortalecer su poder. Pero el verdadero resultado es que se hundan todos. Hay que tomar en cuenta que la institucionalidad solo ve una comunidad o grupo, no tiene tiempo para lidiar con rivalidades. Por eso es mejor negociar y presentar un frente común colaborador.
  •        Respeto a la agenda: Quienes asisten a las sesiones o consultas deben respetar el orden de los temas por discutir, no aprovechar la concurrencia para imponer una agenda personal y distraer del objetivo.
  •      Cuestionar y oponerse a cuanto se dice, como buen representante de quien sufre el "trastorno de oposición desafiante" (una diferencia de aprendizaje que no solo la niñez sufre).
  •        No es el muro de los lamentos: No se vale quejarse y quejarse. Hay que proponer o mantener silencio.
  •       ¡A trabajar! Tampoco se pueden esperar resultados si dejamos todo el trabajo a pocas personas sin aportar. ¿Quiere avances o cambios en su comunidad? Trabaje: escriba cartas, distribuya volantes, entregue documentos, haga llamadas…
  •         Hablar al grano, con pocas palabras para que haya más opiniones y perspectivas.



"A nadie se le ocurriría decirle a alguien con silla de ruedas: voy a entrar al restaurante y después vengo y te digo qué tal estuvo la comida. Pero vemos como algo normal que alguien en el poder diga: No puedes tener el poder, pero yo voy a tomar decisiones a favor de tí. Por eso hay que nivelar el suelo con rampas y eliminar las barreras". 

Ricardo Bucio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario