lunes, 25 de abril de 2016

Enseñar no es "soplar y hacer bombitas"

Es muy común que una persona profesional crea que, como conoce su materia, puede transmitir su conocimiento a un grupo de adultos a través de lo que interpreta como un taller. ¡Nada más desacertado!


"Astrofísica simplificada"--- Mas de un(a) profesional piensa así
Veamos algunos de los errores más frecuentes que cometemos al planear un taller dirigido a personas mayores de 20 años:
  1. Hacer una lista de "lo que les hace falta saber" para convertirla en contenidos.
  2. No tomarse el tiempo de diseñar un plan, con objetivos, contenidos y actividades en una secuencia lógica.
  3. Plantear objetivos a partir de lo que yo quiero lograr: "Bajar la cantidad de consultas médicas de pacientes con malos hábitos de alimentación".
  4. Otro error con los objetivos: tener expectativas muy altas e irreales con respecto a lo que se puede alcanzar en el tiempo disponible.
  5. Organizar un "taller" en el que cada "experto(a) llega con su power point, para darle una charlas a una audiencia pasiva, que escucha... o más bien se pasa viendo su  facebook.

Participantes= el centro

¿Qué tienen en común los aspectos de la lista anterior? Todos se centran en el organizador del evento. 
Si esperamos que las personas realmente aprendan debemos diseñar un taller centrado en sus participantes:
  • Haga un pequeño sondeo antes que permita identificar qué saben las personas del tema, cuáles son sus resistencias, si hay conceptos erróneos arraigados, etc. Así se puede "dar en el blanco" en las necesidades de las/los participantes.
  • Haga un planeamiento y escriba objetivos centrados en sus participantes. Para asegurarse de ello, empiece por: "Que las/los participantes..."
  • Los objetivos no solo deben expresar una acción (conozcan, identifiquen, analicen), sino también un para qué y un resultado concreto:  Que las/los participantes: acción + para qué + resultado medible. 
  • Al iniciar la actividad es necesario comunicar claramente ¿Para qué le sirve a las personas? ¿Qué se espera resolver o aportar?
  • Aunque sea una charla, incluya a las personas de alguna forma: haga una pregunta, pídales que hagan un pequeño ejercicio, haga una breve competencia...
  • Es más efectivo alternar espacios de escucha con actividad, ya sea física, mediante un breve intercambio con otros participantes y/o un trabajo individual, ojalá escrito.

lunes, 18 de abril de 2016

Participar no es consultar, es construir y eso se aprende

Una breve crónica sobre un proceso de participación ciudadana mal llevado… ¡y de la vida real!


Hacía mucho calor y el salón comunal estaba lleno. Las personas habían terminado su jornada –la mayoría trabajan al sol o en una planta procesadora-  y estaban ansiosas de escuchar lo que les dirían sobre su proyecto de vivienda.
El equipo de ingenieros y arquitectos instaló una pantalla, probó el video beam, empezó a hablar en un lenguaje técnico y remató al mostrar un plano de cómo quedaría el barrio y cada casa a un grupo que jamás había visto un plano en su vida.
Luego el ingeniero les pide: “Levanten la mano quienes avalan estos diseños”. Una mano tímida se levanta y después las demás. Los profesionales muy satisfechos cierran la reunión y yo oigo a dos señores que estaban sentados a la par mía:
-¿Vos entendiste qué dijeron?
-Ni papa. ¡Diay, al final no enseñaron cómo van a ser las casas!


Pese a que la nueva generación de derechos impulsa el ejercicio activo de la ciudadanía y la sociedad civil está cada vez más organizada para ello, todavía son escasos los equipos profesionales que aceptan su papel  de facilitar y ejecutar las necesidades de las comunidades. 

La mayoría cree que “participación” es que la gente escuche, diga “sí” y firme un documento que respalde su propuesta, cualquiera que sea. No se busca que las personas tomen una decisión informada.

Como sociedad nos falta mucho para trabajar de una forma verdadera democrática y, aunque no lo crean, se trata de un proceso de educación de adultos, tanto para profesionales como para las comunidades.

 

Aprender a facilitar

Imagine que vendrán de visita unos parientes que viven en un pueblito rural y nunca han visitado la ciudad. Usted no puede esperar que en la parada final tomen un taxi o varios buses hasta su casa. Tiene que ir por ellos y enseñarles cómo llegar: mostrarles las calles, las paradas, los puntos de referencia, qué hacer si se pierden, etc. Lo mismo sucede con grupos comunales, usted debe ir por ellos y llevarlos hasta donde está usted. 

Aquí algunas consideraciones:
  • Transparencia: Hay un temor generalizado a “lo que pueden hacer con la información”. Para avanzar hay que empezar por la transparencia, de lo contrario hay un margen para la manipulación de todo tipo de intereses.

  •  Oralidad más que documentos: Es altamente probable que entre la concurrencia haya personas con analfabetismo por desuso. Eso implica que entregar documentos impresos no sirve de mucho si no están adaptados a este tipo de población.


  •  Resistencia a la tecnología: a no ser que se trate de una reunión de profesionales,  el video beam, la computadora, peor aún los CD y llaves mayas, crean distancia con públicos que no tienen acceso a la tecnología. Las fotos, los mapas de papel, las maquetas y otros objetos concretos son ideales. ¡Imagine qué diferente hubiera sido para la comunidad del proyecto de vivienda ver una maqueta de una casa desarmable para que pudieran manipularla y hacerle observaciones!


  •  Lenguaje común: Otro tipo de analfabetismo a tomar en cuenta es el técnico. ¿Cuánto tiempo le llevó a usted aprender los términos propios de su profesión? ¡Años! Por eso, las comunidades no tienen por qué entender su lenguaje y su lógica. A usted le toca traducir todo esa información a una forma accesible, con recursos concretos como ilustraciones, fotos, glosarios amigables, etc.



 Aprender a participar

Por otro lado, una ciudadanía que participe eficazmente y tome decisiones informadas no es la que asiste a una reunión, es la que aporta. Por eso es necesario aprender a usar los espacios de participación:



  •       Hay que preguntar: Aunque a las personas adultas no horrorice el ridículo, debemos superarlo para hacer las preguntas que sean necesarias. El pecado más grande es guardar silencio y aceptar una propuesta sin entenderla realmente.
  •        Un frente común: Todavía es muy común que quienes son líderes o representantes retengan información o hagan feudos para fortalecer su poder. Pero el verdadero resultado es que se hundan todos. Hay que tomar en cuenta que la institucionalidad solo ve una comunidad o grupo, no tiene tiempo para lidiar con rivalidades. Por eso es mejor negociar y presentar un frente común colaborador.
  •        Respeto a la agenda: Quienes asisten a las sesiones o consultas deben respetar el orden de los temas por discutir, no aprovechar la concurrencia para imponer una agenda personal y distraer del objetivo.
  •      Cuestionar y oponerse a cuanto se dice, como buen representante de quien sufre el "trastorno de oposición desafiante" (una diferencia de aprendizaje que no solo la niñez sufre).
  •        No es el muro de los lamentos: No se vale quejarse y quejarse. Hay que proponer o mantener silencio.
  •       ¡A trabajar! Tampoco se pueden esperar resultados si dejamos todo el trabajo a pocas personas sin aportar. ¿Quiere avances o cambios en su comunidad? Trabaje: escriba cartas, distribuya volantes, entregue documentos, haga llamadas…
  •         Hablar al grano, con pocas palabras para que haya más opiniones y perspectivas.



"A nadie se le ocurriría decirle a alguien con silla de ruedas: voy a entrar al restaurante y después vengo y te digo qué tal estuvo la comida. Pero vemos como algo normal que alguien en el poder diga: No puedes tener el poder, pero yo voy a tomar decisiones a favor de tí. Por eso hay que nivelar el suelo con rampas y eliminar las barreras". 

Ricardo Bucio.

martes, 12 de abril de 2016

Si quiero enseñar... debo aprender sobre los adultos

Casi toda persona conocedora y exitosa en algún campo considera que, automáticamente, está acreditada para educar. Pero no es tan fácil: Enseñar a gente adulta es cosa seria, porque somos más exigentes:
  • No es suficiente ponerse al frente de un grupo para proclamarse "docente". Seducir y conquistar es clave para sostener su interés. Recordemos que siempre tienen "algo más importante" en la cabeza y pueden irse en cualquier momento.
  • En la adultez solo aceptamos lo que es evidentemente aplicable para la vida personal o laboral. Nos toca demostrar la utilidad de lo que enseñamos.
  • La cohersión, como las notas, ya no aplican tanto a estas edades. 
  • El respeto al tiempo de las personas es vital, de ahí que quien facilita el grupo debe asegurar técnicas generar discusiones productivas, que generen aprendizaje en lugar de una recolección de anécdotas.
  • Recordemos que aprender, para los adultos es el resultado de pensar y hablar. Volver a pensar y hablar. Afinar ideas, practicar, escribir y practicar más. 
  • A cualquier edad aprendemos mejor al hacer y practicar, no tanto al leer u oír. 
  • Tomemos en cuenta que aprender requiere tiempo: no esperemos que las personas aprendan al "entregar un contenido", como si fuera una pizza a domicilio. Necesitamos tiempo para rumiar, incorporar, practicar y aprender.
  • Hay una regla básica relacionada con la dignidad humana pero que aplica más a la gente "mayor de edad": JAMÁS toleramos el ridículo. Quizás un niño se resigne porque vive sujeto a lo que se le imponga, pero una persona grande responde, reacciona y hasta se va cuando es víctima de burlas, señalamientos, juicios o al ser expuesta en público. ¡Mucho cuidado!
Es me lleva a lo más importante:  si bien los contenidos son el motor de una capacitación, tomemos en cuenta que lo importante para las personas es el afecto. En un mundo mezquino, en el que cuesta que alguien valore nuestra existencia, los personas, a cualquier edad pero más en la adultez, tenemos sed de cariño y agradecemos un gesto dulce. ¡Eso nos hace volver y enfrentar el desafío que implica dejar nuestro mundo de lado para aprender!